Ventisquero

21 06 2014

Te voy a contar una historia. Supongo que hay muchas formas de expresarte lo que siento y cómo me siento… pero al trabajar con animales veo muchas veces comportamientos en ellos que me hacen reflexionar y ver las cosas de forma diferente.

Ventisquero es un mestizo que llevaba días vagando por la zona norte de Madrid. Recibimos una llamada y fuimos a intentar cogerle para, por supuesto, proporcionarle una vida mejor.

Recuerdo que era un día gris, de estos que tan pronto hace frío como viento como llueve… y ese pobre perro negro y mestizo, sin nada especial, teniendo que buscarse la vida en la calle.

Llegamos y lo primero fue observarle desde la distancia, hacia donde iba, como se movía, si estaba herido, aspecto general… Después empezamos a seguirle, desde lejos, intentando desde la distancia dirigirle hacia donde nosotros queríamos, una zona más pequeña, donde pudieramos manejarnos mejor para cogerle.

Un perro vagabundo es muy desconfiado, ya puedes tener en tus manos comida, caricias, calor, cariño… que él no se fía. Esa mirada nunca se olvida… es miedo y agradecimiento a la vez, quiero acercarme y que me acaricies y me des esa comida que huele tan rico pero no me fío de ti, humana, han sido muchos palos, patadas gritos o pedradas que me he llevado de los de tu especie y no quiero más… esas cosas no se olvidan.

Una vez en una zona más pequeña empieza el trabajo. Agacharte, sentarte cerca pero lejos, coger comida tirársela cerca (siempre de abajo a arriba), conseguir que se la coma… tirarle más… hacerle señales de calma para que no te vea como una amenaza: bostezar, estirarse, girar la cabeza, no mirarle directamente… Ya estás a tan solo dos pasos de él, que se mantiene de pie, sin fiarse.

Decides retirarte un poco, se sienta, ya va confiando un poco más, quieres saltar de alegría pero no lo haces. Todo tú hueles a comida para perro y estás lleno de barro de arrastrarte por el suelo, pero no importa, sabes que te necesita, quieres sacarlo de la lluvia, de la calle, de la soledad, quieres que vea que eres su mejor opción.

Es entonces cuando te equivocas, la emoción de tenerlo tan cerca te ciega, es cuando te precipitas y alargas la mano deprisa para cogerle, porque ya lo sientes tan cerca, tanto…
Que se escabulle, hace un quiebro y aterrado huye de ti, de ese gesto que encierra tanto amor pero a sus ojos ha sido tan agresivo.

Todo el terreno que habías ganado hasta ahora se esfuma, ahora Ventisquero está más lejos y tiene más miedo que al principio. Has “apretado” demasiado.

Ganártelo ahora te va a costar el doble.

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No me obligues a elegir, porque lo elegiré a él…

11 05 2014

No es una amenaza… es una súplica.

Más de mil días, por poner una cifra redonda, sin salir de mi casilla. Moviéndome en un tablero de juego tan diminuto que me asfixiaba, con unas reglas tan estrictas que casi no permitían movimientos. Y aún así fui tan buena estratega que saqué momentos para casi todo contigo: para QUERERTE, para AMARTE, para CANTARTE, para REIR CONTIGO, para ESCUCHARTE, para ACOMPAÑARTE, para CUIDARTE, para MIMARTE…

Sin sumar ningún punto, siempre a la sombra, siempre esperando la hora correcta y aceptando el tiempo disponible.

Han sido muchas cosas las que hemos vivido en este tiempo, pero también las que hemos perdido. Ahora mismo solo siento dentro las cosas perdidas, los momentos en que tú debías estar y no estuviste, en que debías hablar y no lo hiciste, en que debiste cuidarme y estuve sola.

Y todo eso no se borra, eso sí que no se olvida…

Puede ser un momento perfecto para recapacitar, reconducir y recolocar el tablero, las fichas, las reglas del juego… pero también puede serlo para alargar el brazo y de un golpe tirar todo eso por los aires.

Sonrisas, compañía, un abrazo físico, unas letras sobre mi, canciones, espacio, atención, pensamientos, más sonrisas… cosas que durante tanto tiempo estuve esperando y no llegaron, ahora vienen desde una dirección inesperada. Tanto tiempo en la oscuridad nubla bastante mis sentidos y no tengo muy claro qué hacer con tantas atenciones, porque ¿sabes? llegué a pensar que no merecía nada así, que mis actos me habían hecho esclava de mi destino y lo que este se empeñaba en negarme.

Pero hoy sé que eso no es así, que merezco que me pongan canciones, que me escriban poemas y que griten al mundo que soy especial, sin ataduras, sin escondites.
Estoy feliz y ni puedo ni quiero cambiarlo, hoy no.

Por tantos días a la sombra, me merezco mil noches de luz.





Ahora lo entiendo

2 05 2013

margarita

Ayer algo hizo ayer click en mi cabeza y lo vi claro.

Entiendo eso que dice la gente con más experiencia y sabiduría de que “quiero volver a ser joven, pero sabiendo lo que sé ahora”

Ayer vi mi adolescencia, mis amigas, mi gente del pueblo, mis tiempos de facultad y, sobretodo, te vi a ti, nos vi a nosotros.
Los comienzos, los viajes, las primeras cenas, los primeros cines… lo vi con mis ojos de ahora, con mi experiencia de ahora… hay tantas cosas que cambiaría, tantas que viviría de otra forma… esta sensación de haber dejado pasar el tiempo es tan canalla que me ha matado parte del alma.
Ven, vámonos otra vez, juntos.
Hagamos otra vez el maratón de El señor de los anillos, pero esta vez de verdad 😉
Miremos juntos desde lo alto del Empire State.
Riámonos de que nos pongan a cenar en la mesa junto a los baños.
Deja que te reciba con una sonrisa cuando el trabajo anule nuestros planes.
Déjame que te vuelva a cuidar, esta vez sin presionarme a mi misma. Te aseguro que ya he comprendido que yo misma soy mi peor juez y mi peor verdugo.
No es posible, lo sé, igual que no lo es retroceder en el tiempo, pero no quiero dejarme esto dentro:
Déjame que te alegre la vida, que te deje vivirla, que te complemente, pero esta vez de verdad…




Gracias, a ti

11 11 2012

Últimamente me paso la vida rodeada de personas desencantadas con el amor, bueno, con el amor no, con la idea clásica del amor: la convivencia, la rutina… Tengo a mi alrededor una panda de separadas y tan solo dos o tres que siguen creyendo en el amor.

Podemos decir que el amor eterno, las parejas para toda la vida y todo lo relacionado con estos temas son TT en nuestras vidas. Son conversaciones bastante interesantes,  cada una tira hacia su lado, expone sus argumentos, las otras los rebaten… mirarnos desde fuera tiene que ser curioso. Desde dentro yo me siento un bicho raro. Debería identificarme con los argumentos de las separadas, pero no es así. Ellas expresan quejas y causas con las que yo no me siento identificada.

“Es que ya no era detallista”

Detalles… en mi caso todo eran detalles. En cuanto a lo material, antes de desear algo ya lo tenía. Esto no cambió con el paso de los años en lo más mínimo, siempre siguió haciéndome sentir como una reina. Un bolígrafo nuevo para mi colección, un cuaderno que sabía que me gustaría, artículos de periódico o libros que había conseguido en el trabajo que creía me podrían interesar; mi revista favorita, esa que ni yo misma me acordaba de comprar. Cualquier cosa rosa que pudiera imaginar… Desde lo más nimio hasta lo más espectacular, como un iPad o un brazalete de Tiffany.

En cuanto a lo no material… todo lo que una mujer desea cuando quiere ser mimada yo lo tenía. Notas de buenos días, o de buenas noches, con muchos besos y mucho cariño. Guardo muchas de ellas que aún me encogen el corazón y el alma. Un bollito o un dulce de vez en cuando. Y detalles que van mucho mas allá, poder descansar cuando mas cansada estaba porque el se encargaba de todo. No tener que cocinar si no me apetecía porque también el se encargaba de todo de ir a por comida, de cocinar, lo que fuese. Y todo esto in una pega, sin un reproche. No olvidarse nunca de agradecerte lo bien que cocinas y de alabar lo rico que sabe lo que guisas.

“Es que me complicaba mucho la vida”

No, en mi caso esto tampoco encaja. No es complicarte la vida que te bajen a la perra cuando no te apetece moverte del sofá. Ni que te lleven en coche a los sitios porque no te apetece conducir, ni que te recojan con coche porque no quieres pasar frío o no te apetece coge el metro. No es complicarte la vida que haya alguien pendiente de llevarte o entregarte esos papeles que llevas tiempo retrasando porque te da una pereza horrible, que te hagan esa llamada que llevas tiempo postergando. Mi balay… siempre haciéndome la vida mas cómoda.

“Es que no salíamos”

A cenar, al cine, de viaje… Estos ocho años no han sido precisamente sedentarios. Siempre nos ha gustado estar solos, no eramos mucho de salir en pareja, lo pasábamos muy bien solos y el uno con el otro era con quien mejor nos entendíamos. Para pasear, para cenar, para viajar. Nunca se nos acababa el tema de conversación, siempre había algo que comentar, que ampliar, algo que aprender del otro… En estos años he cenado en restaurantes estupendos, en muchos vips y en algún macdonalds, y siempre ha sido magnífico. Siempre ha habido sonrisas. Desde una noche en el pueblo hasta la luna de miel en Nueva York, pasando por nuestras nocheviejas en París, Londres, Praga… Descubrir el mundo con sus ojos acompañándome sé que es algo que no podré conseguir nunca y que nadie podrá igualar nunca. Siempre me van a faltar tus fotos, tus reflexiones, tus conocimientos, tu orientación… mi enciclopedia británica.

“Es que no me comprendía”

La verdad es que no sé si en el fondo lo hacía o no, pero yo sentía que sí. Siempre tenía un abrazo, unas palabras positivas. Todo el mundo debería tener al lado a alguien como él, alguien que siempre ve el vaso medio lleno, que siempre ve una luz al final del túnel, que siempre abre una, dos o cien ventanas cuando tus sientes que todas las puertas se te cierran. Alguien que cuando te despiertas los fines de semana llorando porque te sientes una vaca inmensa te abraza y te repite las veces que haga falta que no lo estás, que no lo eres, justo lo que necesitas oír. Y así semana tras semana eres un pibón, tú sabes que no es cierto pero es justo lo que necesitas oír. Alguien que cuando pierdes los nervios y lanzas cosas, tiras puertas a patadas y te vas de casa de madrugada dando un portazo, siempre te comprende, siempre esta dispuesto a abrazarte cuando estás mas calmada. Alguien que cuando más lo necesitas se calla y te abraza. Eso sí es comprensión, eso es parte de tu propia alma.

“Es que no me apoya en lo que hago”

… ¡ay, dios mío!, esto es la guinda de la tarta. Todo, absolutamente todo lo que se me podía pasar por esta loca cabecita mía era recibido un un abrazo, una sonrisa o unas palabras de ánimo. Aprender alemán (1 curso), punto de cruz a distancia 82 clases), curso de maquillaje (3 distintos, el último se quedó a medias), gimnasio (pocos meses), hacer dieta (y dejarla, una y otra vez, en bucle), pilates (6 semanas). Ahora resulta que me apetece salir a andar, ahora quiero ir acompañada. Me gustaría tener perro. Me gustaría salir más, salir menos… Ni un solo problema, nunca, en que fuese yo misma, en que disfrutase, en que viviese, en que fuera feliz.

Infidelidades, machismos, egoísmos, obsesión deportiva y todas las demás razones que se pueden escuchar en una tarde de café entre amigas ni siquiera merece la pena mencionarlas. Sería plasmar aquí una colección de antónimos y tampoco es cuestión de andar pisando ánimos.

Por todas estas razones, y otras que no cabrían aquí, y que tampoco sabría como plasmar en algo tan simple y a veces tan vacío como las palabras, yo no puedo opinar. No encajo con prácticamente ninguno de los reclamos de las mujeres de mi alrededor.

Gracias a él soy como soy. Gracias a todo lo que he aprendido, visto y vivido en estos ocho años. Gracias a su comprensión cuando más desquiciada estaba. Gracias a su apoyo cuando los problemas laborales amenazaban con derrumbarme. Gracias a todo lo que supo enseñarme y también supo cómo hacerlo. Hizo de mí una mejor persona pero, sobretodo, hizo que sentirme tan querida y tan amada fuera lo mejor de vivir.

Si alguien ha llegado hasta aquí se estará preguntando entonces qué fallo. Es algo a lo que no puedo responder, ni siquiera ahora, un año después de haber tomado la decisión de marcharme de casa. Nadie dijo que esta etapa iba a ser fácil y sí que sería muy difícil, pero nunca pensé que lo sería tanto. Nadie me advirtió de lo difícil que sería superar tu sonrisa…





Felicidades Mamá

23 11 2011

Hoy es el cumpleaños de mi madre.
Su 60 cumpleaños.

Ella no tiene twitter, ni blog ni facebook. Me entiende a duras penas cuando hablo de todo esto pero se esfuerza mucho por seguirme, por comprenderme y seguir el hilo de mi parloteo.
Las dos grandes mujeres de mi vida han sido mi abuela y mi madre. Hoy hace 60 años que mi abuela daba la vida a la que 29 años más tarde me la dio a mi.

1951

Mi abuela cuenta que fue un parto fácil, aunque la tocó discutir con la comadrona. Por aquel entonces (año 51) poca gente paría en los hospitales. Mi abuela tuvo en un hospital a su primer hijo, en el año 1941, en plena posguerra. Tumbada en el suelo en una camilla hecha con dos listones y una tela. Nadie hizo caso de sus gritos hasta que las monjas oyeron al niño llorar. Allí estaban juntas parturientas con tuberculosas, con enfermas mentales y moribundas. No eran tiempos de abundancia, ni de comida ni de camas. Gracias a que mi abuelo tenía la exquisita costumbre de la época de vestir siempre con traje, lo confundieron con un doctor y mi abuela tuvo cama y cuna para su bebe los tres días que estuvo en ese hospital. Pero no quiso repetir la experiencia.
La comadrona que iba a asistir el parto de mi madre tuvo que cruzar Madrid desde Carabanchel hasta Argüelles para reconocer a mi abuela. La encontró sentada en la cama haciendo la digestión de unas estupendas sopas de ajo y unas cabezas de cordero que se había comido poco antes, suponemos que para coger fuerzas. Nada más ver a mi abuela la dijo “huy, usted está muy ufana, esto va para largo, me voy a Atocha que tengo unos gemelos”. Mi abuela, hoy apenas un saquito de persona, de 42 kilos, apunto estuvo de cogerla de los pelos y la dijo “che, usted no se va de aquí sin reconocerme”. Las miradas de mi abuela han “medido” a los demás durante toda su vida, incluso ahora, y la comadrona no tuvo otro remedio que envainársela y reconocerla.
El parto estaba tan avanzado que con un par de empujones la niña se “estrelló” a los pies de la cama. Nació muy pequeñita “y con los talones morados”, recuerda mi abuela siempre. Unos masajes boca abajo del médico y problema solucionado, ¡Qué fáciles eran antes los remedios!

Los 60, 1972

Esa medallita, como la llamaba mi abuela, fue su ojito derecho siempre. La más pequeña, la más flaquita, la que tenía que calzarse en las mejores zapaterías de Madrid por lo delicado de sus pies, la más respondona y la más rebelde. La que se fue a enamorar del “chulo del barrio”, del malote… De mi padre. La que cada día de adolescente y de joven se encerraba en el baño con mi abuela durante horas para hablar de sus cosas, “para confesarse” según decía mi abuelo.

1978

La que necesitando más a sus padres, se fue a vivir más lejos, hasta para eso era rebelde. A un sitio donde no había aún agua corriente y casi ni alcantarillado. A un sitio donde las mujeres bajaban en bata a comprar el pan lo cual, viniendo del barrio Argüelles, hace que se te caiga el mundo encima. ¿Dios mío, dónde me he metido?
La flaquita, la que primero cogió un cigarro delante de su padre, la que dejó todo por amor y luchó con uñas y dientes para sacarlo a flote seguro que se sintió muy sola. Pero ni quiso preocupar a su madre ni hizo que su hija se resintiera de la situación.

1980

Nunca me he sentido sola, al contrario, siempre hemos estado juntas, siempre he tenido en ella a alguien que me ha escuchado, me ha apoyado y ha hecho como que se creía mis mentiras, incluso las relacionadas con los primeros chicos. De esa forma tan sabia ha conseguido saberlo siempre todo, aparentando que no sabía nada.
Fue la flaquita la que tiró del carro siempre, la que llevó a sus padres a vivir a su casa, casi sin espacio, cuando su padre desahuciado por los médicos necesitaba un entorno cercano y cariñoso donde morir. Incluso esa experiencia supo inculcármela mi madre de manera positiva. Nunca he tenido ningún trauma con la muerte, ni lo tendré nunca. Mi abuelo murió en su cama, en la habitación junto a la mía y me despedí de él con un beso. ¿Cómo podría esa experiencia guardarse como algo negativo?

1990

La pequeña que dio tantos quebraderos de cabeza a mi abuela de niña y adolescente, supo compensárselo a su madre con creces. Mi abuela llevó mi infancia y mi adolescencia lo mejor que pudo (yo tampoco era fácil) y cuando llegó la hora de cerrar filas mi madre cuidó de mi abuela como una fiera. Consagró sus días y sus noches a que mi abuela estuviera bien, desde zapatillas nuevas y cómodas, hasta hilos para que cosiera y, ya más tarde, desde medicinas hasta pañales. Puede decirse que las tornas se cambiaron y mi madre cuidó de la suya como si fuera su bebe. Y todo esto sin dejar su trabajo de ocho horas limpiando un laboratorio con cada vez más metros que limpiar y menos energía para hacerlo.
He tenido la inmensa suerte de convivir con dos mujeres maravillosas, y de armas tomar, durante toda mi vida. Se que no han descubierto la penicilina, ni son abanderadas de ninguna fundación, pero en el día a día me han enseñado los valores en los que creo y la fortaleza a la que me agarro cuando todo falla.
Todo el mundo debería tener la oportunidad de vivir algo así y la madurez suficiente como para exprimir la experiencia.

2011

Durante el último año mi madre ha vuelto a demostrar su fortaleza enfrentándose a una situación que nadie querría vivir, y lo ha hecho sin perder la sonrisa, sin dejar de reír ni un solo día. Esa risa que cualquiera que conozca a mi madre sabe que es tan peculiar y tan característica de su persona. Afortunadamente, aquel chuleta que tantos quebraderos de cabeza la dio de novios y de recién casados por otros motivos, se recupera positivamente tras una operación y una quimioterapia que casi barren del mapa sus ganas de vivir.
Sé que mi madre cierra filas conmigo sin ninguna duda y sin vacilar lo más mínimo, soy el centro de su vida pero siempre sin dejar de lado el resto de cosas que la componen. Poder decir que hay alguien en el mundo que daría la vida por ti sin dudarlo, que se dejaría matar por ti, es algo que, por su alcance, no puedo evitar que me erice la piel y me haga sentir un intenso calor por dentro.
Esa fortaleza es gran parte de lo que me sostiene cada día, sobretodo en esta época de mi vida, en la que muchos días levantarse cada mañana cuesta un mundo y acostarse se convierte en un infierno.

Muchas felicidades mamá, gracias por absolutamente todo lo que me has dado y por todo lo que me has enseñado, pero, sobretodo, por dejar que me mire en ti y te tome como ejemplo de cómo quiero ser.
Siempre a mi lado, siempre.





Lluvia

21 11 2011

Pero no lluvia de esa que se ve tras los cristales, esa que provoca atascos descomunales en Madrid, no; lluvia de esa que se te mete por dentro y te cala hasta lo más profundo del alma.

Hay días que uno se despierta con esa sensación de pesadumbre, sin saber por qué. Aparentemente es un día igual que otro, no espera nada nuevo, ni especalmente bueno ni especialmente malo, pero es como si todo el día estuviera invadido de una niebla espesa y oscura.

Todo te hace llorar. Y todo es todo: un coche que llevas delante, una plaza con gaviotas, un semáforo en una esquina de la calle Principe de Vergara, la cafetería donde tomas café cada día, salir a tomar el aire y mirar al parque, el olor a kebab (a kebab!!! venga hombre, te encantan los kebab, no puedes llorar por eso… pues lloras). De hecho, si fijas la vista en un punto perdido delante tuyo las lágrimas acuden a ti como si fueran necesarias, como si no hubiera un mañana.

Esos días todo se acumula, todo se junta en tu cabeza… El pasado, el presente y el posible futuro. La nostalgia, el coraje y la incertidumbre, con todo lo que ello implica. Necesitas a tu gente alrededor y al mismo tiempo quieres estar solo. Nada te gustaría más que sentarte frente a alguien, con dos cafés de por medio, y charlar durante horas, pero estás en el sofá con una botella de agua y enterrado en un par de mantas. Quieres escuchar salsa, reggaeton o cualquier cosa acelerada, y te descubres escuchando baladas heavys, blues y soul desgarrado, que no se me ocurre nada más triste.

En estos casos poco se puede hacer, esperar que pase el día, regodearte en tu propia tristeza y esperar que mañana sea otro día, aunque el sol vuelva a salir por el mismo sitio, que por lo menos te deje un poco de luz.

Y en eso estoy.





Cineclub

14 11 2011
 
 
 
 
“Jesse y yo volveremos a tener tiempo, pero no esa clase de tiempo, no ese tiempo bastante anodino y en ocasiones aburrido que es el verdadero signo de vivir con alguien, un tiempo que crees que durará siempre y, de repente, un día simplemente descubres que no es así”